Wildlands - D´yavol 1

 

Dramatis personae.–

 

Familia D´yavol:

Alexey D´yavol, Jefe del Clan.

Sergey D´yavol, hijo de Alexey.

Irina D´yavol, hija de Alexey.

 

 

 

 

D´yavol 1

 

 

 

 

Viktor Balan jamás pensó que podría acabar colgado de los pulgares cuando se alistó en los Çöl Tilkisi. Pero ahí se encontraba. Dentro de un oscuro y viejo cobertizo, completamente desnudo, colgado de los dedos pulgares por una cuerda atada a una viga del techo.

Hace horas que sus captores lo habían dejado sólo, tras golpearle todo el cuerpo con una dureza infinita. Le resulta imposible abrir su ojo izquierdo, que se encuentra inflamado. También nota que le faltan algunos dientes y que le cuesta respirar, debido posiblemente a la rotura de alguna costilla.

Lo más espeluznante de todo, lo que más asusta a Viktor, es que no le han preguntado nada. Le estaban torturando sin un motivo aparente.

De pronto se oye un ruido y el cobertizo se ilumina al abrirse el portón de la entrada.

Viktor intenta levantar la vista para ver quién entra, pero prácticamente no tiene fuerzas. Cuando consigue enfocar la imagen con el único ojo que puede abrir, ve a dos personas, un hombre y una mujer. Ambos son jóvenes, de edades parecidas. Apenas tendrán 20 años. Él moreno y ella rubia, ambos rondando el metro ochenta de estatura.

Visten de forma elegante. Muy provocativa en el caso de ella, ceñida en un despampanante vestido rojo que deja poco a la imaginación. El chico viste un traje oscuro sin corbata y sus manos están llenas de anillos.

Tras ellos aparece un hombre mayor, de pelo canoso y mirada fría. Es igual de alto que los jóvenes y viste un traje similar al del chico.

 – Tu jefe no sabe respetar los acuerdos –dice el hombre mayor. Tiene la voz grave y un fuerte acento ruso–. Y si tu jefe no respeta los acuerdos, debo recordárselo. Y que mejor forma de recordárselo que enviando un mensaje, ¿verdad?

– Pero yo no he hecho nada, señor –consigue balbucear Viktor, completamente aterrorizado–. Dígame el mensaje y yo se lo transmitiré palabra por palabra.

– Claro, chico. Por supuesto que lo harás –dice el hombre mientras se quita la chaqueta y se remanga la camisa, dejando a la vista unos musculosos y tatuados brazos–. De hecho, chico, tú eres el mensaje.

 

 

– Espero que ese ublyudok de Arman Beleiu capte el mensaje –dice Alexey limpiándose de sangre los nudillos, mientras contempla el destrozado cadáver de Viktor Balan–. No se juega con la familia D´yavol.

– Podríamos dejarlo más claro aún, otets –dice Sergey, con una sádica sonrisa en el rostro–. Cortémosle a trozos y lo enviamos por correo postal.

– O podríamos escribirle algún mensaje en la espalda con una navaja y dejar el cadáver en su puerta –comenta Irina, con una voz ronroneante.

– ¿Sabéis qué, hijos míos? Vamos a hacer las dos cosas –dice Alexey sacando una navaja automática del bolsillo–. Sergey, llama al Carnicero. Tiene trabajo.

Comentarios

Entradas populares