La Horda Sangrienta - Capítulo 2
Capítulo 2. La niña.
Todos
guardamos secretos.
Y cada uno de ellos
está aquí por algo inconfesable. Lo ocultan detrás del honor, de la recompensa
o de la venganza.
Pero, en lo más
profundo de su ser, un secreto oscuro les guía más allá de lo que están
dispuestos a admitir.
El antiguo templo había sido mancillado con runas escritas con sangre y el suelo se encontraba lleno de cadáveres, muchos de ellos pertenecientes a participantes de su expedición.
Se
adentraron con cautela, armas en mano, preparados para lo que allí se ocultara,
cuando escucharon fuertes pisadas que se acercaban desde la calle.
Se
agazaparon para emboscar a quien se aproximara, esperando ver a otro puñado de
guerreros como los que ya se habían enfrentado, si bien lo que apareció iba más
allá de lo que jamás habrían imaginado. Por la puerta del templo entró un gigante
cubierto con una armadura rojiza. Su casco tenía dos enormes cuernos y portaba
una espada y un escudo.
Lyra
y Erketai comenzaron a dispararle, mientras Ulrika y Lope le atacaron con las
espadas. La lucha fue encarnizada y costaba penetrar su armadura, pero gracias
a una artimaña mágica de Galanus, que consiguió cegar al gigante, consiguieron
vencerle. Sin embargo no hubo tiempo de relajarse, ya que al olor de la sangre
aparecieron dos dientes de sable que saltaron sobre ellos, debiendo volver a la
batalla.
Tras
una lucha cruenta eliminaron la amenaza y exploraron el templo, pero en lugar
de encontrar información relevante que les llevara a Kruhonos, acabaron
descubriendo que otra facción, llamada la Horda Hambrienta de los Hijos de Seth,
entraba en juego.
Decidieron
ir al palacio, pero previamente buscaron materiales y víveres en las casas
abandonadas, si bien lo que encontraron fue a una niña que se había escondido
en un pozo, a la que rescataron.
Finalmente
se desplazaron hasta el centro de la ciudad, donde iban los ríos de sangre y
había surgido un estallido de luz, encontrando al resto de los guerreros de su
expedición junto al cadáver de un escorpión gigante.
Viendo
que poco más les quedaba por hacer allí, cogieron un barco y pusieron rumbo a
Argos llevándose a la niña, con la que, al menos, esperaban conseguir oro por
su rescate.
Aunque
Ulrika sospechaba que Galanus tenía otros planes para ella.
Si
embargo, al poco de zarpar, vieron como varios barcos desaparecían en un
instante, absorbidos por el mar, descubriendo al estar más cerca que agua
salían varios tentáculos enormes que agarraban las embarcaciones y, partiéndolas
por la mitad, las arrastraba hasta el fondo.
- ¡Kraken! –
gritó Lope-. ¡Marineros, soltad escotas, izad la mayor! ¡Timonel, vira todo a
estribor! –ordenó instintivamente, sacando su vena de contramaestre pirata.
Todos en el
barco comenzaron a correr de un lado a otro, unos obedeciendo las órdenes,
otros yendo a proa para ver al monstruo, sin creerse lo que ocurría, la mayoría
desquiciada por el miedo a morir.
Pero al
acercarse a la criatura ocurrió lo menos esperado. El kraken elevó los tentáculos
y se quedó inmóvil, dejando pasar al barco sin tocarlo, mientras los
tripulantes lo miraban con una mezcla de asombro y terror, sin entender qué
estaba ocurriendo.
Todos…
a excepción de Galanus…


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