La Horda Sangrienta - Capítulo 3
Capítulo 3. Alianzas y traiciones.
Hay
momentos en la vida en los que se debe escoger entre el honor y el deber.
Entre la lealtad y la
traición.
Entre la vida y la
muerte.
Conocer la verdad suele
ser un alivio, excepto cuando hay gente que mataría por esa verdad.
En ese caso, la verdad
se convierte en una carga. Y su conocedor en un objetivo.
Una vez en la posada, Galanus tuvo que tomar una decisión: confiar en sus compañeros de viaje o arriesgarse a la furia de una bárbara irascible. Optó por confiar.
Cuando estuvieron solos les contó la verdad sobre la niña: era la hija de Kruhonos. Muy posiblemente ese era motivo de que estuviera escondida en el pozo y de que el kraken no les atacara.
Si ella sabía algo, Galanus lo desconocía.
También les contó que el estallido de luz que presenciaron fue la aparición de una de la brujas de Kruhonos, la cual, por lo que había averiguado, se dirigía al suroeste de la ciudad.
Tras aprovisionarse decidieron ir tras ella, pero el destino les guardaba otros caminos, pues a su puerta llamó un general argosiano acompañado de un sabio y todo un regimiento de soldados, el cual les interrogó “amablemente” sobre la forma de evitar que el kraken atacara los barcos, ofreciéndoles unirse a la expedición y terminar de saquear Scorph.
Tratándose de una oferta que, claramente, no podían rechazar, y siendo muy conscientes de que la identidad de la niña no podía ser revelada, convencieron al general de que Galanus sabía un antiguo hechizo que podía hipnotizar al kraken y dejarlo paralizado.
El general se lo creyó. El sabio que le acompañaba no tanto.
Aún así, partieron en un buque dirección a Scorph y, al llegar a la altura del kraken, Galanus comenzó a actuar, haciendo aspavientos y recitando versos para mayor gloria de Jumungus, mientras Lope despistaba al sabio para que no pudiera fijarse en él y darse cuenta de que todo se trataba de un auténtico paripé.
Tras llegar a la costa comenzó el saqueo, aprovechando que la ciudad estaba vacía para llenar sus bolsas, avanzando mientras esperaban el momento adecuado para despistar a los soldados y huir.
La oportunidad llegó en el palacio. Aprovechando que todo el mundo estaba saqueando y que los soldados estaban centrados en Galanus, Ulrika hizo un pira con los cadáveres de la calle, a fin de atraer a las criaturas que quedaran en la ciudad.
La idea fue un éxito, consiguiendo que la mayor parte de las fuerzas debieran salir del palacio para defender la posición, aprovechando el grupo para eliminar al sabio y a varios soldados, logrando huir por la ventana de la biblioteca, la cual hizo arder Galanus para ocultar sus pasos, siendo acompañados por un noble y su esclava, y dos hermanos muy poco fiables pero buenos guerreros, uno muy grande y otro muy pequeño.
Gracias a un golpe del destino encontraron un rastro de sangre que atravesaba un muro, pudiendo abrirlo gracias a la pericia de uno de los hermanos, accediendo a través de una puerta oculta en una gruta que olía a sangre y muerte.
Avanzaron por la cueva hasta encontrar a dos enormes seres de piel grisácea, tan grandes que resultaba imposible seguir avanzando si no se apartaban. Pensando en que podrían utilizar a la niña igual que con el kraken, decidieron hacer un círculo alrededor de ella y avanzar hacia los monstruos, si bien los hermanos, sospechando que les ocultaban algo, optaron por quedarse atrás.
Por desgracia para ello, los gigantes les preguntaron por “la contraseña” y, al no saberla, comenzaron a atacarles. En ese momento, aprovechando la confusión, el hermano de menor tamaño apuñaló a Lyra e intentó agarrar a la niña, al tiempo que el hermano de mayor tamaño les atacaba. Galanus cegó al grandullón, mientras Lyra y Ulrika combatían al pequeño, consiguiendo rescatar a la niña y haciendo huir a los hermanos.
Mientras tanto, Lope y Erketai se enfrentaban a los gigantes. Impactarles resultaba fácil. Herirles, no tanto. Los filos de sus espadas penetraban una carne gris que no sangraba, pareciendo que las hendiduras no hicieran efecto.
Finalmente consiguieron tumbar a uno, pero el otro, dando dos zancadas, agarró a la niña y se dirigió hacia la oscuridad de la cueva. Por suerte, el grupo de aventureros se interpuso en su camino, consiguiendo eliminarlo tras muchos golpes y un flechazo de Lyra que le atravesó el cráneo.
El gigante gris cayó emitiendo un extraño sonido gutural que resonó por toda la caverna, no augurando nada bueno...
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