La Horda Sangrienta - Capítulo 4
Capítulo 4. Decisiones.
Elegir
nunca es fácil, salvo cuando el honor está en juego.
Porque cuando tu vida se
rige por el Camino del Honor, da igual si la elección lleva a la muerte, ya que
ésta será abrazada con orgullo.
Lyra se adelantó en la gruta, puesto que con sus ojos de gata podía ver en la penumbra sin necesidad de encender antorchas, pero por desgracia las piedras de las paredes no estaban tan estables como parecía y una roca suelta provocó un desprendimiento, que a su vez provocó un estruendo... que atrajo una multitud.
La
cazadora divisó como una grupo de formas humanoides se dirigía a la carrera
hacia ellos. Una oleada de seres pequeños y grises, demasiados para hacerles
frente.
Se
miraron sin saber bien qué hacer. Esconderse, luchar, huir...
Y,
en medio del caos, Erketai tomó una decisión.
-
Escondeos -dijo montando su caballo, al que azuzó haciendo que se encabritara y
relinchara, mientras él lanzaba gritos de guerra.
Cuando la pequeña horda
estuvo a escasos metros de la sala donde se encontraban emprendió la marcha al
galope hacia la salida, atrayendo a los seres tras de él.
Sus
compañeros se agazaparon en las paredes de la cueva viendo cómo la oleada
pasaba junto a ellos persiguiendo a Erketai, que desapareció en la oscuridad de
la gruta seguido de los pequeños seres.
Pero
los Dioses son caprichosos y no iban a dejar que fuera tan sencillo. Cuando
pasó la horda, creyéndose a salvo, los aventureros se separaron de las paredes
para mirar en la dirección por la que habían desaparecido, tropezando tres
rezagados con Galanus.
El
enfrentamiento duró poco, pero lo suficiente para que el ruido pudiera haber
alertado al grupo grande, por lo que decidieron correr hacia el interior de la
cueva antes de que algún ser más volviera a por ellos, siguiendo a Lyra a
través de la penumbra.
Tras
avanzar varios metros llegaron a una sala escasamente iluminada, escuchando una
voz proveniente de las alturas.
-
Deponed las armas y entregad a la niña –dijo, al tiempo que varias antorchas
iluminaban la zona alta de la gruta, dejando ver a varios ballesteros que les
apuntaban y, en el centro, un hombre anciano vestido con armadura.
-
Yo te haría caso –respondió Lope-. Pero entre que nos persigue un grupo de
seres y que aquí mi amiga la pelirroja está un poco loca...
El
anciano soltó un grito gutural, viendo como los seres grises que comenzaba a
entrar en la cueva se detenían.
-
Deponer las armas y entregar a la niña. La otra opción, es la muerte.
Comprendiendo
que no quedaba otra salida los aventureros se rindieron.
El
anciano bajó donde se encontraban y llamó a la niña, que fue con él sin oponer
resistencia, seguido de varios sacerdotes.
-
Somos la última resistencia de Scorph –explicó el anciano-. Los sacerdotes
decían que la niña aparecería.
-
¡Sí, lo dijimos! ¡Y así ha sido! –gritaron los sacerdotes.
-
¿Quienes sois? –preguntó el anciano.
-
Encontramos a la niña en un pozo –contó Galanus-. Estamos buscando a su padre.
-
¿Sabéis quién es? –interrogó el anciano-. ¿Para qué le buscáis?
-
Es Kruhonos y quiero cortarle la cabeza –sentenció Ulrika.
- ¡LO DIJIMOS! ¡LO DIJIMOS! ¡Estaba escrito!
–gritaron los sacerdotes.
El anciano se quedó mirando a los
aventureros en silencio.
-
Venid conmigo –les dijo finalmente.
Avanzaron por un pasillo de
la cueva hasta que llegaron a una pequeña ensenada, donde varias personas
estaban cargando carros.
-
Los que estamos aquí huimos de Scorph, de Kruhonos y de sus brujas. Varios
sacerdotes invocaron el espíritu de una de las brujas, ya que al morir no
pudieron trasladar su energía a otro cuerpo, y han necesitado un atroz ritual
de sangre para conseguir su resurrección. Según mis sacerdotes, una profecía
decía que Kruhonos y sus brujas reaparecerían en Khuloom, y que allí se
enfrentarían a su muerte. Si vuestro objetivo es eliminarle, os ayudaremos.
El
anciano les indicó donde comprar provisiones y la forma de llegar hasta Khuloom,
debiendo elegir entre la Ruta de los Esclavistas o la jungla, recomendándoles
la compra de un esclavo guía y una mula de carga para el equipo y las
provisiones.
Tras conocer que la jungla
estaba habitada por una tribu caníbal llamada Kale Kale, así como animales
transmutados por la brujería, pensaron que podrían llegar a un acuerdo con los
esclavistas y fueron a entrevistarse con uno de ellos, si bien Galanus entendió
que sus intenciones eran traicioneras, optando finalmente por el camino de la
jungla.
Emprendieron
la marcha a través de la espesa vegetación prestando atención al entorno.
Cuando llevaban varias horas de camino acamparon, y entonces comenzó el ataque.
Un
grupo de simios con grandes bocas llenas de colmillos, armados por palos y
adornos de hueso, aparecieron por las copas de los árboles y les lanzaron todo
tipo de objetos, desde piedras hasta excrementos, mientras otro grupo les rodeó
a ras de suelo.
Galanus
prendió la copa de los árboles para hacerlos huir, pero los atacantes eran muy
numerosos y, a pesar de que no les costaba eliminarlos, pronto se vieron
desbordados. Entonces Galanus notó una presencia en los árboles, encontrando a
un simio más grande que desprendía magia, comenzando con él una lucha de almas.



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