La Horda Sangrienta - Capítulo 5
Capítulo 5. Quid pro quo.
Nadie da nada a cambio
de nada.
Y, en ocasiones, no
queda más remedio que aceptar tratos que conducen a una trampa evidente… porque
la recompensa bien puede valer el riesgo.
Tras días de persecución a través de la selva llegaron a una cueva en la que se refugiaron y pudieron planear un contraataque.
El
grupo comenzó a montar barricadas, con la idea de aguantar la envestida de los
simios e intentar capturar alguno de los dirigentes, para que Galanus intentara
entrar en su mente y saber el motivo de la persecución a los aventureros.
Pero
cuando el ataque comenzó algo había cambiado. Sólo se acercó un pequeño grupo
de monos, mientras el resto permanecían a distancia, no detectando poder mágico
en ellos.
Tras
capturar un espécimen, Galanus comenzó con la hipnosis para penetrar en su
mente, pero pronto descubrió que no se trataba de más que un simple animal
desquiciado.
Al
tiempo que esto ocurría, estando el resto del grupo vigilantes, de la nada
apareció un cuchillo lanzado desde la espesura que impactó en la pierna de
Lyra, que retrocedió al interior de la cueva, herida. Al extraer el arma
descubrió, con asombro, que se trataba de uno de los cuchillos del hermano
pequeño con cara de simio, el llamado Solam.
-
¡Sal de donde estés, malnacido! –gritó a la selva Ulrika
-
¡Que te follen, zorra! –fue su respuesta.
Previniendo
un ataque conjunto de los monos y los hermanos, el grupo se preparó, si bien
ocurrió algo inesperado.
Un
grupo de Kale Kale apareció desde la retaguardia del ejercito de monos,
acabando con muchos de ellos y haciendo huir al resto, llegando hasta la
entrada de la cueva, saliendo a recibirles con entusiasmo el esclavo que les
guiaba por la espesura, comenzando a hablar con ellos en su idioma.
Tras
esto, el esclavo les explicó que se trataba de su pueblo, de sus hermanos, y
que se dirigían hacia Cuscus para enfrentarse al Rey Mono, el culpable de que
los simios de la zona se hubieran vuelto tan agresivos.
El
grupo les preguntó si sabían llegar a Khuloom, indicando que sí, así como que,
si les ayudaban a acabar con el Rey Mono, les acompañarían hasta las puertas de
la ciudad.
Una
vez les explicaron el plan, los aventureros comprendieron que los Kale Kale
sólo querían que iniciaran el ataque para evitar sus propias bajas, pero
también entendieron que sin su ayuda jamás llegarían hasta Khuloom, aceptando
el trato.
Los
Kale Kale les guiaron hasta las ruinas de un antiguo templo ruinoso, donde
destacaban dos enormes estatuas de simios armados y vestidos con armadura.
-
Estará ahí dentro –dijo el líder de los Kale Kale, dando a entender que ellos
no iban a acompañarles hasta allí.
Los
aventureros se acercaron con cautela hasta llegar a una ventana del templo y
divisaron el interior, viendo que había un grupo de simios mucho más grandes
que los que les habían estado atacando. Tenían el tamaño de un humano y
caminaban erguidos, además de ir armados y pertrechados con armaduras.
En
la parta baja, en el centro de una sala, vieron a uno de los simios hechiceros
que controlaban a los pequeños, junto al que había un enorme hombre simio vestido
con un poncho rojo y Solom, el hermano gigante que los acompañó hasta el
enfrentamiento en la cueva de Scorph, entendiendo en ese momento que los
hermanos no eran humanos con cara de mono, si no que pertenecían a esa raza de
hombres simio, así como que, si el grande estaba allí, el pequeño también...
aunque no lo vieran.
Sin
tener un plan de ataque claro y viéndose superados en número, decidieron
aprovechar la arquitectura del templo y comenzar el ataque en un pasillo de
entrada para así conseguir que los hombres simio no pudieran agruparse,
logrando abrirse paso tras eliminar a varios.
Sin
embargo no todo iba a ser tan sencillo. Mientras combatían, el hombre simio del
poncho rojo, que indudablemente era el que los Kale Kale llamaban Rey Mono,
invocó un hechizo que hizo que una de las enormes estatuas de piedra cobrara
vida. La colosal figura comenzó a avanzar hacia ellos, cada paso retumbando con
un peso implacable.
En
ese momento, puede que por azar, puede que por predeterminación, comenzó el
ataque de los Kale Kale, que entraron al templo por la zona contraria a la que
ellos se encontraban, logrando dividir las fuerzas de los hombres
simio.
Los
aventureros, combatiendo y huyendo de la estatua al mismo tiempo, llegaron a la
parte baja del templo, donde se encontraban los que sin duda eran los líderes.
Lope
y Ulrika se lanzaron contra el pequeño simio hechicero, el cual recibió dos
fuertes golpes que le hicieron gritar de forma iracunda, tras lo que llevó la
mano hacia su trasero y depositó en ella lo que parecía materia fecal. El simio
hechicero lanzó un aullido y echó su brazo hacia atrás, preparándolo para
lanzar a los guerreros tan asqueroso proyectil, cuando una flecha disparada por
Lyra atravesó su cabeza y lo hizo caer al suelo sin vida, si bien el hechizo ya
estaba conjurado y la materia fecal explotó, esparciéndose en pequeños
proyectiles que Lope y Ulrika tuvieron que esquivar.
Aprovechando
la confusión creada, el Rey Mono y Solom se lanzaron contra el pirata y la
bárbara, comenzando el combate.
Lope
esquivaba los potentes puñetazos del Rey Mono mientras daba cortes con sus
espadas que apenas penetraban la gruesa piel, al tiempo que Ulrika y Solom
entraban en estado de frenesí y comenzaban a intercambiar golpes.
Mientras,
en la zona de las escaleras, el noble conseguía frenar la estatua, aguantando
golpes de forma estoica, desviándolos con el escudo o encajándolos en la
armadura, al tiempo que Galanus y Lyra comenzaron un combate contra el hermano
pequeño, Solam, que apareciendo de la nada empezó a lanzar cuchilladas a Lyra
al tiempo que esquivaba los golpes de Galanus.
Y,
nuevamente, el destino trajo un hecho inesperado. En el otro lado del templo
comenzó a moverse la segunda estatua, que dio dos pasos lentos hacia la
batalla.
Entonces
todo cambió. El Rey Mono se quedó paralizado un instante, mirando extrañado la
estatua, mientras Solam, exclamando: “¡y una mierda!”, saltó hacia un lateral y
desapareció entre las columnas, abandonando el combate.
En
ese momento pasaron dos situaciones simultáneas.
Por
un lado, Solom golpeó de forma brutal a Ulrika, haciendo que su cabeza girara
de forma violenta, a lo que Ulrika, lanzando un grito, giró sobre sí misma y
golpeó certeramente a Solom en el cuello, cortándole la cabeza.
Por
otro, sirviéndose del instante de pausa que hizo el Rey Mono, Lope se echó a un
lado, gritando: “¡Galanus, fuego!”, reaccionando el sabio al instante,
lanzando una redoma al enorme simio de poncho rojo que hizo que comenzara a
arder, tras lo cual saltó hacia Galanus, cayendo encima de él, chafándolo
contra el suelo.
El
resto de aventureros fueron en ayuda del sabio mientras el Rey Mono lo golpeaba
entre chillidos, si bien, cuando se acercaron, el hombre simio agarró a Galanus
de la túnica y lo utilizó de arma contra sus compañeros, que tuvieron que
esquivarle mientras lanzaban cortes y cuchilladas, consiguiendo abatirlo
finalmente.
Tras su muerte, el resto de hombres simios huyó del templo, consiguiendo los aventureros la victoria.



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