La Horda Sangrienta - Capítulo 6
Capítulo 6. Susurros en la niebla
Puede que creas haberlo
visto todo.
Que ninguna criatura,
ningún horror, pueda ya sorprenderte.
Tu mente es firme. Tu
voluntad, de acero. Tu valor… incuestionable.
Pero en esta tierra
corrompida, donde el mal se oculta entre los árboles y susurra en la niebla,
hay encuentros que desafían todo lo que crees saber…
Tras un par de días de recuperación el grupo volvía a estar listo para emprender el viaje, en parte gracias a un brebaje que les ofrecieron los Kale Kale llamado Vino Dorado.
Esta
bebida les reconfortó y curó sus heridas con una rapidez asombrosa, por lo que
Galanus, aprovechando la tranquilidad de la pausa, realizó un estudio de la
misma y consiguió averiguar cuáles eran sus ingredientes, apuntándolos en un
pergamino para poder crearla en tiempos futuros.
Tras
despedirse de los Kale Kale, que les indicaron el camino más seguro para llegar
a Khuloom, emprendieron la marcha. Pero como todo y como siempre en esta tierra
extraña y maldita, ni siquiera el camino más seguro está libre de peligros.
Y
en esta tierra extraña y maldita los peligros podían superar a cualquier otro
al que nunca se hubieran enfrentado.
Caminaban
por un frondoso bosque cuando una misteriosa niebla comenzó a cubrir el
sendero, impidiendo ver un metro por delante del camino. El grupo formó una
columna defensiva, situándose en cabeza Lyra, que gracias a sus ojos de
gata conseguía ver a través de la espesa niebla algunos metros más que sus
compañeros, escoltada por Ulrika. En el centro iban Galanus y la esclava
traductora sobre la mula de carga, cerrando el grupo el Lope y el noble.
No
habían avanzado mucho cuando oyeron una voz de mujer a su espalda pidiendo
auxilio, deteniéndose el grupo ante la sospecha de una trampa.
Y
pronto descubrieron que, efectivamente, lo era.
Entre
la niebla apareció un extraño ser de apariencia azulada, que caminaba
renqueante mientras emitía voces femeninas. Tenía varios tentáculos que le
salían de diferentes partes del cuerpo y una boca llena de colmillos.
Ante
la terrorífica aparición el noble y Galanus sufrieron un ataque de pánico,
emprendiendo la huida en dirección contraria, mientras que Ulrika entró en
furia asesina y se abalanzó contra la criatura. Lope, que estaba avezado en
extrañas criaturas gracias a sus viajes por el mundo, sonrió y se lanzó al
ataque, mientras Lyra cargaba su arco, lista para disparar a la criatura.
Sin
embargo no tardaron en descubrir que el terrorífico ser iba a ser más difícil
de derrotar de lo que habían pensado.
Lope
y Ulrika comenzaron a golpear a la aparición, pero los tajos y puñaladas no
surtían efecto, regenerándose a instante. El monstruo los agarró con sus
tentáculos y comenzó a apretarles con fuerza, al tiempo que lanzaba
dentelladas.
Lyra,
comprendiendo que se trataba de un ser sobrenatural y que no podrían vencerle
con armas normales, dio un sprint tras Galanus, al que agarró de la túnica y
dio un par de bofetadas.
-
¡Reacciona! –le gritó-. ¡Necesitamos que te centres y nos digas cómo vencer a
esa cosa!
Galanus,
temblando de miedo pero ya más calmado, miró con más detalle a la criatura,
estudiándola.
-
Es una abobinación gélida –dijo al fin-. Necesitamos fuego.
Sacó
del bolso un puñado de artilugios y se los ofreció a Lyra.
-
Colócalos en las puntas de las flechas –le indicó.
Lyra
hizo lo que decía el sabio, tras lo cual la punta de la flecha comenzó a arder,
disparando a un tentáculo que tenía apresada la pierna de Lope, consiguiendo
que lo soltara, retirándose el pirata.
Disparó
un par de flechas más, pero Ulrika, en su frenesí, no se percataba de que no
dañaba a la criatura por más que la golpease, estando cada vez más atrapada en
los tentáculos del ser, que ya comenzaban a aplastarla.
-
¡Usa una puta redoma! ¡La va a matar! –gritó Lope.
Parpadeando
y asintiendo, recuperando de nuevo el control de su mente, Galanus sacó una
pequeña botella de cristal y, apuntando a la cabeza de la criatura, la lanzó
con fuerza.
Pero
tal vez el destino, tal vez la suerte, tal vez las dos, quisieron que Ulrika
golpeara la redoma mientras aún estaba en el aire, rompiendo el cristal y
haciendo que la hoja de su espada comenzara a arder, impactando a la aparición
y partiéndola por la mitad, que se disolvió entre la niebla, tal como había
llegado.
El
grupo se reunió de nuevo entre la sorpresa y el miedo, mirándose unos a otros,
emprendiendo la marcha a paso ligero cuando, de entre la niebla, comenzaron a
oír voces de mujer que acercaban...



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