La Horda Sangrienta - Capítulo 7
Capítulo 7. Héroes y demonios
Hay historias que surgen como susurros en
tabernas, contadas para entretener a los necios.
Y
luego están las otras. Las que se forjan en sangre y acero. Las que no se
cuentan… porque todos las conocen.
Y
cuando te encuentras con una de ellas, cuando presencias su poder… entiendes porqué
se convirtieron en leyendas…
Los aventureros
llegaron a un corte en la montaña atravesado por un puente colgante, fabricado
con listones de madera y sogas de las que colgaban huesos y cráneos, encontrándose
a escasos metros del inicio un cadáver bocabajo.
Mientras Galanus
examinaba el cuerpo, Ulrika arrojó una piedra al vacío, escuchando en ese
momento una mezcla entre chillido y graznido procedente del fondo, apareciendo
ante ellos seis arpías, seis seres con cabeza y parte del cuerpo de mujer, pero
con alas y garras de águila.
Las arpías se
lanzaron contra el grupo, si bien Lyra atravesó el ojo de una de ellas con una
flecha y Lope decapitó a otra, haciendo que las cuatro restantes retrocedieran
un poco.
Mientras se
enfrentaban a las arpías una voz femenina susurró a su espalda, apareciendo de
entre los restos de niebla una abominación gélida, que lanzó sus tentáculos
contra Galanus, situándose en medio Lope y Ulrika para evitar que agarrara al
sabio.
Y, por si no
fuera poco… al otro lado del puente llegó Solam, que con una risa estridente
comenzó a cortar las cuerdas con la intención de hacerlo caer.
Lyra, veloz como
el viento, comenzó a lanzar flechas a las arpías para hacerlas huir,
centrándose finalmente en Solam, al que consiguió impactar en el hombro,
tumbándolo debido al fuerte impacto.
- ¡Zorra! –gritó
el hombre mono, arrancando la flecha del hombro-. Os vais a cagar.
Solam sacó una
redoma de aceite e impregnó las sogas del puente, prendiéndoles fuego a
continuación y huyendo hacia el interior del bosque.
Atrapados entre
las arpías, la abominación y las sogas en llamas, Lyra tomó una decisión y
corrió por el puente mientras disparaba flechas a los monstruos voladores, a
fin de apagar el fuego antes de que el puente cayera.
Mientras tanto,
Galanus impregnó de aceite y fuego las espadas de Ulrika y Lope, consiguiendo
acabar con la abominación en un par de golpes.
Ya en el otro
lado, casi sin tiempo de descansar, el grupo se internó en el bosque.
Sabiendo que
Solam podría haber dejado trampas, Lope fue delante, detectando varios cordeles
y cepos escondidos entre la maleza, los
cuales inutilizó para que el grupo avanzara sin complicaciones.
Tras varios
kilómetros de marcha divisaron las ruinas de un templo, delante del cual había
dos enormes seres de piel roja y cuernos, con grandes espadas en sus manos,
junto a los cuales había una mujer de su misma especie con un báculo de
hechicería.
El grupo intentó
esconderse antes de que les vieran pero únicamente Ulrika lo consiguió,
dirigiéndose hacia ellos a la carrera los dos grandes demonios, mientras la
hechicera levantaba el báculo e invocaba algún tipo de magia.
Los demonios
guerreros comenzaron a atacarles, siendo frenados por Lope y Lyra, hasta que un
rayo procedente del báculo de la hechicera impactó a Lope en un brazo, el cual
comenzó a ponerse de un tono violáceo y con hinchazón de las venas.
Aprovechando que
estaban centrados en sus compañeros, Ulrika atacó por la espalda, decapitando a
uno de los demonios y rematando al otro.
Pero, una vez
más, los dioses tenían sorpresas preparadas.
Por un lado,
junto a la hechicera, llegaron varios escorpiones de piel rojiza y el tamaño de
un lobo, acompañados de un enorme demonio centauro armado con dos grandes
espadas.
Por el otro, de
entre los árboles, comenzaron a llegar soldados aquilonios armados con lanzas,
arcos y flechas.
Y, junto a
ellos, un hombre musculoso de aproximadamente dos metros de altura, piel
bronceada y melena negra y lacia cortada a la altura de los hombros, ataviado
con una coraza plateada, una capa roja y armado con una espada a dos manos.
Aunque nunca lo
habían visto en persona nadie del grupo de aventureros dudó sobre su identidad.
Ese hombre era Conan.
Conan comenzó a
dar órdenes a su ejército, que inició el ataque contra los escorpiones y el
enorme demonio centauro, el cual despachaba a los soldados aquilonios como si
fueran de cartón, hasta que divisó al general y se lanzó a la carrera contra
él, embistiéndole y arrastrándolo hacia el interior del bosque, mientras Conan
lo agarraba del cuello.
Los aquilonios,
Lyra y Ulrika luchaban contra los escorpiones, mientras Galanus, utilizando sus
conocimientos arcanos, intentaba curar a Lope, el cual sudaba debido a la
fiebre que le estaba subiendo a causa del hechizo de la mujer demonio, logrando
finalmente contrarrestarlo, aliviándolo a los pocos segundos tras extraerle la
sustancia que la hechicera había introducido en su cuerpo.
La batalla duró
apenas unos minutos pero parecieron horas, eliminado entre todos a los
escorpiones y haciendo huir a la hechicera, dirigiendo entonces la mirada hacia
la zona destrozada de árboles por la que habían desaparecido Conan y el demonio
centauro.
Y entonces, tras
unos segundos de silencio, de entre la maleza apareció volando una enorme cabeza
de piel roja y cuernos que acabó rodando por el suelo, seguida de un hombre
cubierto de sangre de pies a cabeza, armado con un mandoble que portaba en una
sola mano.
- Por Crom… qué piel más dura tenía ese engendro
–y, mirando al grupo de aventuraros, Conan añadió- Y vosotros… ¿Quiénes sois?



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