La Horda Sangrienta - Capítulo 8
Capítulo 8. Sin vuelta atrás
Cuando has tomado la decisión de avanzar sin
importar las consecuencias, poco importa el camino si éste te lleva a tu
destino.
Y,
aunque seas plenamente consciente de que ese camino va a estar lleno de trampas
mortales, sigues adelante.
Porque
una vez iniciado… ya no hay vuelta atrás.
Tras una breve
entrevista con Conan éste entendió que los aventureros no eran una amenaza para
su misión, la cual no era otra que encontrar a un príncipe vendhyano que iba
acompañando al grupo junto a su esclava traductora para llevarlo de nuevo con
su padre, al cual le debía un favor.
Junto al
ejército del Rey de Aquilonia iba también el grupo de estigios con el que se
cruzaron en Scorph, los sethitas llamados Horda Sedienta, en cuyo objetivo
resultó que coincidían, puesto que también querían entrar en Khuloom y acabar
con Kurhonos, si bien desconocían el modo de atravesar las enormes murallas de
la ciudad, las cuales estaban hechas de gigantescos bloques de piedra con
relieves en su base y lo que parecían huesos en su parte superior.
Los aventureros,
aprovechando la buena relación con el príncipe, a través de él le preguntaron a
Conan la forma de acceder por alguna entrada escondida, ya que, según contaban
las historias sobre el héroe, hace años estuvo capturado y empleado como
gladiador en su interior hasta que encontró la manera de huir, y les explicó
que escapó por las alcantarillas, las cuales daban a un desagüe en el río.
Con esa
información acudieron a los sethitas, ofreciendo infiltrarse en la ciudad y
abrir las puertas para su ejército pudiera entrar, a cambio de armas capaces de
abatir a los demonios y un pequeño grupo de batidores que les ayudara.
Los sethitas
aceptaron, entregándoles a cada uno una daga de un material brillante, así como
ordenando a una exploradora que les acompañara, la cual controlaba dos seres híbridos
cuyo cuerpo era mitad mujer, mitad serpiente.
El grupo se
dirigió hacia la entrada que indicó el cimmerio, viendo como la muralla era
atacada por demonios de sangre y defendida por hombres mono y otras criaturas
difíciles de identificar desde esa distancia, hasta que siguiendo la senda del
río llegaron a unas cuevas que se adentraban por debajo de los enormes bloques
de piedra de la ciudad.
Guiados en la
penumbra por las mujeres serpiente avanzaron con sigilo, desmontando la
exploradora varias trampas, hasta que, como siempre ocurre, todo se torció.
Galanus caminaba
en medio de la comitiva cuando, accidentalmente, tropezó y cayó cuan largo era,
derramando por el suelo redomas y probetas que rodaron en todas direcciones, haciendo
que el eco de sus golpes se propagara por las galerías de la cueva.
El grupo se
quedó paralizado mirando al sabio, que de rodillas y murmurando para sí comenzó
a recoger sus pertenencias, cuando de la oscuridad se escucharon rugidos,
apareciendo dos dientes de sable de piel rojiza, acompañados de otro mucho más
grande, con protuberancias que salían de su cuerpo similares a cuernos y los
ojos rojos sin pupilas.
Lope se lanzó
contra uno de los dientes de sable, mientras una de las mujeres serpiente
atacaba al otro. Ulrika, con un grito que retumbó hasta en los cimientos de la
ciudad, saltó contra el más grande, mientras Lyra le disparaba flechas y Galanus,
percibiendo poder mágico en él, inició una lucha de almas, encontrando en su
mente a la demonio hechicera que se cruzaron con anterioridad.
Lope atravesó
con sus espadas al animal, mientras la mujer serpiente descuartizaba al otro.
Lyra y Ulrika, aprovechando que el grande se encontraba paralizado, arremetieron
contra él y lo hicieron caer, siendo abatido por una flecha de Lyra que le
atravesó el cráneo de lado a lado. Galanus, muerta la bestia, salió del trance
y comenzó a agitar la cabeza murmurando palabras en un idioma inteligible hasta
que finalmente pareció recuperar su poca cordura.
Siguieron
avanzando por la galería hasta que llegaron a una reja de gruesos barrotes que
impedía avanzar. Intentaron arrancarla para resultaba imposible, hasta que
tuvieron la idea de volarla aprovechando los conocimientos de la exploradora y
los artilugios del sabio, creando así una bomba que consiguió crear una
abertura lo suficientemente grande para poder pasar. Una vez en el otro lado,
para evitar volver a ser sorprendidos, la exploradora creó otra bomba que hizo caer
el techo y tapó la reja por completo.
- Bueno, ya no
hay vuelta atrás. Ahora sólo queda avanzar –dijo con una media sonrisa,
mientras giraba sobre sí misma y se adentraba en el túnel.
Avanzaron varios
metros en la oscuridad, apenas iluminados por el bastón de Galanus, cuando
llegaron lo que parecían unas antiquísimas catacumbas llenas de extraños
jeroglíficos, en medio de las cuales se veía una canalización de agua que se
adentraba aún más en las profundidades.
- Supongo que
esto será lo que Conan entendió por “las alcantarillas” –dijo Lope, mirando la
corriente de agua-. Tocará seguirla.
Avanzando contracorriente llegaron a un cruce de caminos y decidieron dividirse. La exploradora estigia y las híbridas cogieron el camino de la izquierda, mientras que los aventureros fueron por la derecha.
Lope marchaba en cabeza, buscando posibles trampas, cuando vio un extraño rayajo en la pared en el que se leía “Crom”.
- Parece que vamos por buen camino –dijo Lyra, mirando las letras.
Mientras miraban la pared Lope percibió un movimiento en la oscuridad, avisando a sus compañeros, descubriendo al poco que se trataba de un cuerpo humanoide flotando bocabajo que se acercaba a ellos, llevado por la corriente. Extrañado, el pirata frenó el cuerpo con la espada y, con cautela, lo giró, viendo que se trataba del cadáver de un hombre simio que llevaba un pergamino clavado al pecho con un puñal en el que se leía: “que os jodan”
- ¡Cuidado! –alcanzó a gritar antes de que el cadáver explotara, lanzándolo contra la pared de la cueva y dejándolo malherido.
Sus compañeros le ayudaron a incorporarse, viendo que sangraba profusamente por varios cortes, costándole respirar. Lope, con las fuerzas que le quedaban, sacó de su mochila la poción de Vino Dorado que le dieron los Kale Kale y se la tomó de un trago, notando como las heridas se cerraban y las fuerzas volvían.
- Por poco –dijo Galanus-. Menos mal que tenemos el brebaje.
- Creo que por ahí es mejor no ir, por mucho “Crom” que ponga en la pared – expresó Lope mientras se levantaba, estirando los músculos.
- Pues deberíamos tomar una decisión rápido –sentenció Ulrika-. Porque el nivel del agua está subiendo.
Efectivamente, pudieron comprobar que, al haber tumbado el techo que daba salida a la corriente, el agua estaba comenzando a estancarse y subir de altura. Retrocedieron hasta el cruce por el que habían ido la exploradora sethtita y las mujeres serpiente y, prácticamente sin cuidado, avanzaron mientras notaban cómo el nivel del agua cada vez estaba más alto, pasando de sus rodillas a la cintura en apenas unos minutos.
Pronto llegaron a otra caverna en la que encontraron una pequeña laguna, viendo otro cuerpo flotando en el agua, si bien esta vez, tras fijarse en él, descubrieron que se trataba de una de las híbridas.
Con cautela, se adentraron en la laguna hasta que notaron una vibración en el agua y, a continuación, con la velocidad de un rayo, un tentáculo surgió hacia ellos, consiguiendo esquivarlo por poco. Tras él, del centro del lago surgió un ser que parecía un sapo gigante con multitud de ojos, tentáculos y una boca lleva de colmillos, el cual mostraba múltiples de heridas por su cuerpo.
Sin tiempo de pensar, los aventuraros comenzaron a atacarle al unísono, esquivando los tentáculos y profiriendo cortes, quemaduras y flechazos, hasta que Ulrika atravesó su paladar con su espada, consiguiendo acabar finalmente con su vida.
Debido al tiempo empleado en el combate el nivel del agua había seguido subiendo, llegándoles hasta el cuello. Buscando una salida vieron una reja con restos sanguinolentos en el techo, lanzando Lyra una flecha atada a una cuerda que consiguió enganchar al enrejado.
Los aventureros treparon y, de un golpe, abrieron la trampilla y salieron a un pasillo, agazapándose en silencio. Siguieron con sigilo los restos de sangre hasta que llegaron a un portón custodiado por un hombre simio que dormía y, acercándose Lope furtivamente, lo degolló antes de que pudiera dar la alarma.
Ya más tranquilos visualizaron la zona en la que se encontraban, descubriendo que había multitud de animales y seres de todo tipo enjaulados.
Entonces, antes de poder decidir hacia dónde seguir, el portón se abrió y aparecieron varios hombres simio arrastrando cadáveres. Al otro lado de la puerta resonaban gritos y vítores, y pudieron apreciar lo que parecía ser una arena de combate.
Los aventureros se escondieron rápidamente, pero los hombres simio, tras deshacerse de los cuerpos, descubrieron el cadáver degollado de su compañero...



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