La Horda Sangrienta - Interludio

 Interludio. Revelaciones

 

              Destino.

              Esa fuerza inexorable que guía nuestros pasos.

              La forma que tienen los Dioses de burlarse de los mortales. 

              Destino.

              Cuando todo empezó parecía que la casualidad les había unido.

              Ya cerca del final… los Dioses, nuevamente, se ríen de ellos…

 

 

              Sentados junto a una hoguera, curando sus heridas mientras la carne se cocinaba, Lope de Torres, temible pirata e ingenioso ladrón, decidió sincerarse con sus compañeros de viaje.

              -Tengo que confesar mi motivación real para este viaje –contó-. Si bien es verdad que mi capitán me envió por la recompensa, no lo es menos que yo le di la idea. Y esto se debe a mi hermana. Su nombre es María y siempre tuvo un don para la magia. Ya de pequeños estafaba a la gente con la lectura de manos y el tarot, consiguiendo unas monedas de los marinos y aventureros que llegaban al puerto. Pero pronto descubrió que lo que les revelaba se cumplía y comenzó a ganar fama, llegando a ser conocida como la «Bruja de Alaqanda». Cuando cumplió los dieciséis años se marchó con una troupe a recorrer Zingara y, entre sus viajes y los míos, poco a poco perdimos el contacto. Hasta que hace un tiempo me enteré de su desaparición en la frontera con Argos.

              Lope hizo una pausa, clavando la mirada en las brasas.

              - Comencé a investigar y lo que descubrí me heló la sangre, pues conocí la historia de la Horda Sangrienta, Kruhonos y sus brujas… coincidiendo una de ellas con la descripción de mi hermana. He de encontrarlos. He de ver con mis propios ojos si mi hermana se ha convertido en uno de esos monstruos y, de ser así, romper el embrujo de ese demonio.

              Sus compañeros de viaje le miraron en silencio. Lope temió que le repudiarían al saber que una de las brujas de Kruhonos podría ser de su propia sangre, pero las líneas del destino, una vez más, decidieron entrelazarse.

              Lyra, la silenciosa y solitaria cazadora, fija la vista en el fuego, comenzó a hablar casi en un susurro.

              - Siempre he dicho que mi deber como protectora era impedir que Kruhonos llegara a mis tierras, pero la realidad es que eso ya ocurrió –confesó-. Hace años, un pequeño destacamento de la Horda Sangrienta, liderado por una de sus brujas, cruzó las fronteras de mi territorio. Saquearon mi aldea y masacraron a casi todos mis familiares. Pero el destino de mi hermano Faelan fue peor que la muerte: la bruja lo secuestró, probablemente para algún ritual oscuro. Yo lo vi todo, escondida en la espesura. No pude intervenir, no pude salvarlo. Desde ese día he vivido con el remordimiento y la culpa carcomiéndome por dentro.

              Hizo una pausa, tragando saliva antes de continuar.

              - Cuando tiempo después supe de la derrota de la Horda en la Colina de los Buitres, viajé hasta allí con la esperanza de encontrar el cuerpo de mi hermano, pero no fue así. No obstante, me llegaron los rumores: el cadáver de Kruhonos no había sido encontrado y, de sus cinco brujas, una de ellas sobrevivió. Desde entonces he vivido por y para encontrarla. Es mi misión, mi único objetivo. He de obtener respuestas y saber si mi hermano sigue vivo. Tengo que rescatarlo. Tengo que redimirme, o jamás podré volver a dormir tranquila.

              Terminó su historia sin apartar los ojos de las revoloteantes llamas. Lope puso una mano en su hombro, provocándole un sobresalto que la hizo mirar al pirata con una mezcla de rabia y temor, como si aún estuviera en aquella colina desde la que contempló la matanza de su pueblo. Sin embargo, la cálida sonrisa de Lope la trajo de vuelta al presente y, por primera vez en mucho tiempo, Lyra arqueó los labios en un amago de sonrisa.

              Y entonces, Galanus, el maestro de pociones y explosivos cuya cordura pendía de un hilo invisible, no pudo contenerse más.

              - Tuve una hija -comezó, sin prestar atención a si le escuchaban-. Y ésta a su vez tuvo una hija. Es decir, tengo una nieta. Su nombre es Bellatrix. La Horda Sangrienta arrasó la aldea donde vivía y la secuestró para ofrecerla en sacrificio, convirtiéndose en la quinta bruja de Kruhonos. Durante un tiempo les seguí a distancia hasta que, gracias a mis conocimientos, conseguí infiltrarme en la Horda como curandero, poniéndome al servicio de esa criatura impía. Pero mi objetivo siempre fue adquirir el conocimiento necesario para liberar a mi nieta y expulsar la esencia de esa entidad oscura de su cuerpo. Por eso me reconocen los demonios de sangre. Ya saben de mi traición y vendrán a por mí. Pero ahora, gracias a nuestros viajes, creo que ya he conseguido averiguar cómo salvar a Bellatrix. Y juro que daré mi vida si es necesario por lograrlo.

              Tras terminar su historia, Galanus cerró los ojos y una lágrima asomó por su mejilla.

              El silencio se instaló en el grupo, roto únicamente por el crepitar de la hoguera. Entonces todos miraron a Ulrika, la iracunda guerrera. La Loba de Hielo. ¿También estaría escondiendo su relación con Kruhonos?

              La pelirroja, masticando un muslo de cordero, miró a sus compañeros.

              - ¿Qué? -preguntó con la comida en la boca-. Mi única motivación es matar a Kruhonos y que todo el mundo sepa que mi espada es tan poderosa como la de ese cimmerio con ínfulas de rey. Después volveré a casa con su cabeza colgada al cinto, la arrojaré a los pies del trono de mi padre y demostraré a mi pueblo que no necesito ningún hombre que gobierne mis tierras junto a mí. Y mientras vuestro objetivo sea igual al mío, podéis contar con mi acero.

              - ¡Por supuesto! -exclamó Lope, emocionado. Desenvainó su espada y la extendió sobre las llamas-. Mataremos a Kruhonos y rescataremos a nuestras familias.

              - ¡Cuenta con mi arco! -dijo Lyra, cruzando su arma sobre la hoja del pirata.

              - Y con mi báculo -añadió Galanus.

              - Por Ymir… estoy rodeada de flojuchos… -murmuró Ulrika, dándole un nuevo bocado a la carne.




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