La Horda Sangrienta - Biografías

 BIOGRAFÍAS DE LOS PERSONAJES:

 

Contramaestre Lope de Torres


        Como avezado marino dos cosas me mueven sobre todas las demás: la libertad del viento en la cara navegando por alta mar y una bolsa llena de oro en mi zurrón. Y ambas cosas se juntaron en la misión que me fue encomendada, pues amarramos en las costas de Messantia para reponer víveres y realizar trueques, cuando mi Capitán nos informó de una jugosa recompensa a cambio de obtener información acerca de un Señor de la Guerra llamado Kruhonos, al cual todos daban por muerto, pero del que nadie creía que lo estuviera.

Y como sea que mi Capitán iba a permanecer amarrado unos meses motivado por reparaciones en la embarcación, consecuencia de un “encuentro indeseado” (para ellos) con un barco estigio que iba mejor armado de lo esperado, me solicitó que aceptara el encargo y partiera en busca de respuestas acerca de tal Kruhonos, volviendo en cuanto tuviera algo interesante que vender a los solicitantes del contrato…

 


 

 

Galanus Tiberio, el alquimista verde

 

Conozcan vuesas mercedes la historia de Galanus Tiberio, avezado hombre sabio, diestro y ducho en las artes del misterio.

Nacido en el seno de familia pobre pero con buen criterio, a la edad de cinco años fue dado en adopción a un viejo alquimista, el cual viéndose anciano y falto de descendencia decidió tomarlo como discípulo, más por necesidad que por clemencia.

Creció aprendiendo de manos de su maestro los misterios de la alquimia, de lo oculto, de lo arcano y a la edad de quince años, ya siendo un buen artesano, partió en busca de fortuna, pues en el pueblo donde vivía no podía aprender nada más y sus ansias de conocimiento lo empujaron a explorar el mundo, a partir de ese día viajaría.

A lo largo de sus viajes descubrió los secretos de las plantes a través de grandes maestros de herboristería y, a su vez, descubrió fórmulas ocultas de la magia alquímica, que pueblo a pueblo a la gente vendía.

Viajó por el mundo aprendiendo, comerciando y, de vez en cuando, conquistando el corazón de alguna “doncella de saldo y esquina”.

Sintiéndose ya anciano y cansado de por el mundo viajar, a la edad de treinta y cinco años a un pueblo en las montañas se decidió retirar.

Pero hace cinco años su vida dio un desafortunado giro.

Viviendo retirado en la montaña al cuidado de su cabra Algodoncita, la Horda Sangrienta arrasó con el poblado donde vivía. Algondoncita sirvió como parte del rancho ese día.

En la ruina, Galanus decidió volver a empezar, en otra población se quiso instalar, y cuando se asentó de nuevo volvió a suceder, el pueblo fue arrasado por la Horda, otra vez. Algodoncita Segunda sirvió de nuevo para comer.

La historia se repitió hasta las fechas de estos días.

Y al pobre Galanus una mañana, en un arrebato de locura temprana, se le apareció un dios de edad oscura que le encomendó la misión de matar a Kruhonos el Profano, debería reunir a un grupo de guerreros y cumplir con su cometido: acabar con la vida del tirano.

Y con esa gesta en mente Galanus volvió a viajar. Estas son las nuevas aventuras del Alquimista Verde, las cuales vamos a relatar.   

 



  

Lyra “Canto de Halcón”

 

Lyra es una mujer de los bosques bosonianos, con una figura más esbelta pero no menos fuerte que la de cualquier hombre que patrulle la frontera.

Su cabello oscuro, a menudo trenzado y adornado con plumas de aves rapaces, enmarca un rostro con ojos penetrantes de color ámbar, que han aprendido a discernir el más mínimo movimiento en la espesura.

Su apodo, "Canto de Halcón", no solo se debe a su aguda vista, sino también a la forma en que sus flechas "cantan" al volar, con una precisión mortal.

En la cultura bosonia, la fuerza y la habilidad son valoradas por encima de la mera diferenciación de género en muchas tareas esenciales para la supervivencia del clan. Mientras que los hombres suelen ser la primera línea en el combate abierto y la defensa del campamento, las mujeres no están relegadas a roles pasivos.

En un entorno tan peligroso como la frontera, roles como el de rastreadora, cazadora y mensajera son a menudo compartidos, e incluso las mujeres pueden ser fieras defensoras de sus hogares.

Lyra es un ejemplo brillante de esto. Nacida en una familia de cazadores y artesanos del arco demostró desde muy joven una conexión casi sobrenatural con el bosque. Podía imitar los cantos de los pájaros para engañar a los animales o comunicarse con otros rastreadores. Su destreza con el arco largo bosonio es legendaria en su clan; se dice que puede alcanzar una ardilla en la rama más alta de un roble con una sola flecha.

A veces actúa como mensajera con pequeñas tribus amistosas de más allá de la frontera o como guía para comerciantes valientes que necesitan atravesar los caminos más peligrosos. Entiende las limitaciones que su sexo podría imponer en un mundo dominado por hombres, especialmente fuera de Bosonia, en los reinos "civilizados" de Aquilonia.

Por ello, a menudo se mueve con una cautela extra, confiando más en su astucia y en su velocidad que en la fuerza bruta. Sin embargo, su reputación como "Canto de Halcón" a menudo la precede, ganándole el respeto incluso de los más escépticos.

Es una guardiana incansable de su pueblo, una sombra entre los árboles, siempre vigilante contra los pictos y cualquier otra amenaza que se atreva a cruzar la frontera.

Pero la Horda Sangrienta de Kruhonos no era como el resto de enemigos. Arrasan todo a su paso, y si bien no llegaron a las tierras bosonianas, la guerra desestabilizó la frontera. Miles de aquilonios y pictos murieron, y los que sobrevivieron se han convertido en una amenaza errante. La paz que los reyes dicen haber ganado no es real.

Si Kruhonos sigue vivo, no se detendrá. Solo es cuestión de tiempo antes de que vuelva a alzarse. Su deber como protectora de la frontera es asegurarse de que la amenaza sea extirpada de raíz. La guerra no ha terminado para los que viven a la sombra de los grandes reinos, y ella no voy a esperar a que la 'muerte viviente' llegue a su puerta.

 



  

Ulrika de Vanheim, la Loba de Hielo

 

En las heladas tierras de Vanheim, donde el invierno nunca duerme y las montañas cortan el cielo como lanzas de hielo, nació Ulrika, hija del Jarl Harald, señor del Bastión de las Nieves.

Desde pequeña fue diferente. Mientras otras jóvenes bordaban y aprendían canciones antiguas, Ulrika entrenaba con espada y escudo bajo la mirada severa de su madre, una antigua escudera.

Vanheim era un reino de clanes y alianzas, donde las mujeres de sangre noble eran usadas como piezas en el tablero político. Cuando Ulrika cumplió diecisiete inviernos, su padre anunció su compromiso con el conde Sigvard de Skarn, un hombre brutal, viejo y ambicioso, que ansiaba unir sus dominios con la sangre real de la joven.

- No soy una oveja para que me vendan al mejor postor -escupió Ulrika, al enterarse.

Sus palabras no cambiaron el curso del consejo, pero sí marcaron el inicio de su rebelión. La noche antes de la ceremonia, con la armadura ligera y el escudo de su madre y la espada de su padre, Frostbane, Ulrika huyó de Vanheim cruzando los pasos congelados del sur.

Tras semanas de viaje por senderos peligrosos y tierras sin ley, llegó a las fértiles llanuras de Aquilonia, un reino cálido comparado con su hogar, pero igualmente despiadado. Allí, entre mercenarios, asesinos y exiliados, Ulrika forjó un nuevo destino.

Al principio, se reían de ella. Una mujer joven, extranjera, hablando con acento del norte. Pero bastaron unas pocas batallas para silenciar las burlas. Su estilo de lucha, rápido y feroz, desconcertaba a los hombres de Aquilonia. Se movía como el viento de las cumbres: letal, impredecible.

Pronto, su nombre comenzó a circular entre las compañías libres. Ulrika, la de la espada de hielo. La loba del norte. Aceptaba cualquier contrato, siempre que no implicara traicionar su propio código: proteger a los inocentes, no matar por ambición.

Un día, una caravana de nobles fue atacada por bandidos cerca del paso de Galdor. Ulrika, contratada como escolta, defendió a los viajeros sola mientras sus compañeros huían. Derrotó a seis hombres armados con nada más que su espada y su determinación.

La historia se esparció como el fuego.

Años después, mientras Sigvard moría sin heredero en el norte y Vanheim caía en disputas internas, Ulrika se había convertido en leyenda en las tierras del sur.

No como reina, sino como algo más peligroso: una mujer libre con espada propia y alma indomable.

Nunca volvió a Vanheim. Pero en las frías noches de Aquilonia, frente al fuego, contaba historias de montañas eternas, cielos blancos y juramentos rotos.

Y cada vez que empuñaba su acero, recordaba que su exilio no era castigo, sino libertad conquistada con sangre y valor.

Así vivió Ulrika, la mercenaria de Vanheim. Sin corona, sin amo, pero con honor.




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