La Horda Sangrienta - Capítulo 10
Capítulo 10. Plan de combate
Confía en tus compañeros como en ti mismo.
Y ni siquiera el más temible de tus enemigos podrá
derrotarte.
Avanzaron hasta llegar de nuevo a la arena de combate, que en ese momento se encontraba vacía.
Había ocho puertas, siete grandes como la que atravesaron cuando el Señor del Foso los llevó ante su amo, y una enorme cubierta con un gran travesaño.
Varios hombre simio comenzaron a aparecer y, no sabiendo el grupo por dónde ir, Lope, al azar, corrió hacia una de las puertas y comenzó a forzar la cerradura mientras sus compañeros se preparaban para el combate, viendo como la exploradora, de nuevo, desaparecía.
Galanus creó una cortina de humo mientras Lyra lanzaba flechas, consiguiendo retener a los hombres simio hasta que el pirata logró abrir la puerta.
Entraron al pasillo y la bloquearon antes de avanzar, emprendiendo la carrera sin rumbo fijo.
- Es inútil –dijo Galanus-. Ese enano feo es capaz de detectar a Lyra gracias a su artilugio. Vayamos donde vayamos nos acabarán encontrando.
- Pues usémoslo a nuestro favor –sugirió la arquera, que, con la punta de una flecha, se hizo un corte en la mano y comenzó a manchar paredes de forma aleatoria-. No evitará que nos encuentre, pero los frenará.
El grupo comenzó a recorrer los pasillos hasta llegar a una sala derruida sin salida.
- Este es buen lugar para una emboscada –propuso Lope-. Si Lyra avanza hacia el fondo, los demás podemos pillarlos por la espalda.
Gustando el plan, Lope y Ulrika se subieron a unas vigas mientras Galanus y Lyra avanzaban hasta el fondo, escondiéndose tras un muro caído.
Poco después oyeron voces procedentes del pasillo, en la que podían distinguir a Solam despotricando, hasta que un grupo de hombres simios, entre los que iba su perseguidor y el Señor del Pozo, entraron en la sala.
Sin embargo no era tan fácil pillar al pequeño asesino por sorpresa y descubrió a Ulrika, a la que lanzó una daga y la hizo caer.
Lope, antes de que los hombres simio pudieran alcanzar a la guerrera con la guardia baja, saltó sobre Solam y le clavó la espada en el hombro, si bien recibió un puñetazo en el pecho por parte del Señor del Pozo.
Ulrika, poniéndose de pie, gruñó y se abalanzó contra los hombres simio, matando a uno un espadazo y dejando a otro malherido.
Galanus, desde el otro lado de la sala, lanzó un puñado de polvo estigio contra los atacantes y los cegó, aprovechando Lope para clavar su espada en el cuello del Señor del Pozo, degollándolo.
A continuación, como si de una jugada ensayada se tratara, Lyra disparó a Solam, impactando en su cuello, agarrando Lope el asta de la flecha antes de que el pequeño hombre simio huyera de nuevo y, girándolo sobre sí mismo, le atravesó el corazón con la espada, eliminándolo por fin.
Uno de los guerreros simios, viendo el destino de sus compañeros, intentó huir, pero las flechas de Lyra eran más rápidas y su cabeza fue atravesada por una, cayendo muerto en medio del pasillo.
Finalmente, tras varias horas de huida y unos minutos de lucha que parecieron años, podían descansar.
Tras reponer fuerzas decidieron volver a la arena, pues entendieron que el gran portón debía dar al exterior. Comenzaron a liberar esclavos para conseguir su ayuda y mover el travesaño que cerraba la puerta, si bien, cuando ya estaban en posición, la puerta estalló en mil pedazos y la atravesó un enorme ser mitad escorpión de sangre, mitad mujer demonio, que llevaba en una de sus pinzas a Conan y, sobre su lomo, al Príncipe Rashed.
- Por la gloria de Jumungus… -susurró Galanus-. Es una de las brujas de Kurhonos…



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