La Horda Sangrienta - Capítulo final
Capítulo 11. La batalla
final
El destino aguarda.
Tras la Bruja Escorpión comenzaron a
entrar multitud de demonios de sangre, los cuales estaban entablando un combate
con el ejército aquilonio, que trataban desesperadamente de liberar a su rey,
apareciendo por el otro de la arena un ejército de hombres simio y bestias de
todo tipo.
Por otra parte, no sabiendo bien de dónde,
comenzaron a llegar los Hijos de Seth, comandados por la hechicera y la
exploradora, acompañadas de varios híbridos de humanos reptil.
Y, para acabar, desde la parte superior
comenzó a descender, en un lento levitar, el Señor de Shakara, mientras del
suelo emergía un enorme arco de piedra sobre unas escaleras.
Lo aventureros formaron un círculo de
seguridad, esperando ver cómo proseguirían los acontecimientos, empezando una
batalla de cuatro ejércitos en la que ellos estaban en medio.
Entendiendo que su prioridad debía ser
liberar a Conan de la Bruja Escorpión comenzaron a atacarla, pero varios
demonios de sangre se interpusieron. Aun así, desde el otro lado, la
exploradora sethita saltó sobre ella y comenzó a clavarle la daga en el cuerpo,
pudiendo ver los aventureros cómo estallaban trozos de su carne con cada
punzada, por lo que Lyra cambió a las flechas sethitas y disparó a la pinza que
agarraba a Conan, convirtiéndola en sangre líquida y liberándolo.
El cimmerio saltó sobre lomo de la Bruja
Escorpión y arrancó al príncipe Rasheed de encima de ella cayendo ambos al
suelo, pero antes de poder ponerse de pie un enorme hombre simio cayó sobre
ellos, comenzando una lucha a golpes con Conan, que ganó el bárbaro tras
partirle el cuello.
Lyra, que lo había presenciado, dio un
grito a Conan y le lanzó una espada con la que poder defenderse, comenzando el
héroe a luchar contra simios, demonios y bestias.
Lope, que también se percató de cómo la
exploradora hacía grandes daños con la daga, desenfundó la suya y comenzó a
atacar a los demonios de sangre con ella, a los que derrotó con pocos impactos
al estallarles el cuerpo con cada punzada.
Ulrika, a su vez, se enfrentaba a varios
demonios de sangre, consiguiendo frenar la carrera de un demonio centauro que
había dado varias embestidas y se dirigía al grupo, derribándolo en el suelo y
cortándole la cabeza.
Mientras, Galanus, viendo que la hechicera
sethita estaba entablando una Lucha de Mentes con la Bruja Escorpión, decidió
unirse y entró en la mente de la bruja, descubriendo en ese momento que su
consciencia no era una, si no tres.
¡La Horda Sangrienta, con su demoniaco ritual,
había conseguido resucitar a las tres brujas en un solo cuerpo!
Galanus percibió que una de las mentes se
enfrentaba a la hechicera sethita, comenzando él una lucha con otra de las
consciencias, mientras la tercera permanecía luchando contra los enemigos
físicos, hasta que notó cómo todas desaparecían tras clavarle la exploradora
sethita la daga en la cuello, haciendo que la cabeza explotara en miles de
gotas de sangre, disolviéndose a su vez de forma instantánea todos los
demonios.
Con un ejército menos del que preocuparse
los aventureros se centraron en el Señor de Shakara y sus hombres simio y
bestias, si bien Conan fue el que se lanzó contra él, acompañado de su
ejército, comenzando un combate entre ambas facciones.
En ese momento el interior del arco de
piedra comenzó a brillar con tonos rojos, apareciendo en el centro un ojo
gigante.
Galanus buscó el origen, encontrando en un
lateral la figura de una mujer joven, cuyo cuerpo estaba cubierto de extrañas
líneas rojizas, como si sus venas estuvieran inflamadas, realizando un ritual
con las manos elevadas hacia el portal, tras la cual había tres cuerpos
semidesnudos tumbados en el suelo, hechos un ovillo.
- Valeria… –susurró Galanus, dando un paso
hacia ella.
Y entonces, en las escaleras, apareció un
hombre de tamaño descomunal, armado con un hacha y ataviado con una armadura de
placas de color rojizo y un casco con cuernos, imposible de no reconocer para
cualquiera de ellos.
Kruhonos había llegado.
Ulrika, al verle, se lanzó al combate sin
dudar.
- ¡VALHALA! –gritó.
Lyra, a su vez, comenzó a lanzarle
flechas, consiguiendo una de ellas atravesar la zona de la pierna, si bien
Kruhonos la arrancó y, desenfundando una hachuela que portaba al cinto, la
lanzó contra la arquera y le impactó en el hombro.
Mientras, la hechicera sethita comenzó a
murmurar extrañas palabras y el portal comenzó a cambiar de color a tonalidades
verdosas, creando una amalgama de colores verderojizos, acudiendo la
exploradora a ayudar al grupo en su combate.
Kruhonos, al ver que intentaban impedir el
ritual, lanzó una hachuela a la hechicera y le impactó en la cabeza, dejándola
inconsciente. En ese momento, los híbridos, libres de su influencia, y
claramente enfadados con ella por el control al que los sometía, se lanzaron
sobre su cuerpo y comenzaron a devorarla. La exploradora, viendo a su líder
atacada por sus propias tropas, intentó ayudarla, pero al girarse Kruhonos le
impactó con el hacha y la partió por la mitad.
Al mismo tiempo, junto a las escalaras,
Galanus comenzó una Lucha de Mentes con Valeria.
- Querida nieta –le decía-. Sé que sigues
ahí dentro. Lucha con ella, tú puedes liberarte.
- ¿Liberarse? –contestó la voz de la
bruja-. ¿De mí? ¿Este ser insignificante? ¡Ja, ja, ja!. Su cuerpo es joven,
pero su mente es débil. Por eso me es tan útil.
- Entonces libérala y quédate con mi
cuerpo. Alberga mucho más poder.
- Yo no quiero más poder. No necesito más
poder. Mi única intención siempre fue liberar a la Madre de los Escorpiones en
este maldito mundo y que acabe con él. Por eso necesitaba que ese engendro de
otra dimensión que se hace llamar “Señor de Shakara” creara el cuerpo de
Kruhonos y extrajera la puerta, por eso le engañé con dónde estaba la esencia
de su espíritu. En realidad siempre lo tuve conmigo, divido en tres partes y
oculto en tres recipientes, tres seres insignificantes que no importan a nadie.
Tras una vida que ya dura cientos de años sólo quiero ver el mundo arder.
Destruirlo. Poner fin a toda existencia.
Galanus, en ese instante, comprendió. Los
familiares de sus compañeros debían ser los recipientes a los que se refería la
bruja.
Y entonces, perdió la conexión mental.
Porque aprovechando que la bruja estaba
centrada en Galanus, Lope se acercó a ella y la golpeó con fuerza en la cabeza,
dejándola inconsciente, comenzando a atarla con una cuerda para inmovilizarla.
- ¡Valeria! –gritó el sabio corriendo
hacia su nieta.
Lope miró al anciano y a la joven, pensando
que poco le quedaba hacer allí, viendo cómo Ulrika y Lyra seguían en su lucha
encarnizada contra Kruhonos, al que prácticamente no causaban daños debido a su
armadura, entendiendo que sólo podrían derrotarle utilizando otras artimañas.
Saltó con sigilo a la parte alta de las
escaleras y se acercó agazapado hacia el combate, presenciando cómo saltaban
chispas de las hojas de las armas cada vez que chocaban.
Espada contra hacha.
Flechas contra armadura.
Cuando estuvo a escasos metros saltó sobre
la espalda de Kruhonos y, con la habilidad que le habían dado los años, insertó
la hoja de su cimitarra entre el yelmo y la gorguera hundiéndola hasta la
empuñadura.
Kruhonos, al sentir el acero en su cuerpo,
giró sobre sí mismo y golpeó con una fuerza brutal al pirata en el pecho con el
pomo del hacha, lanzándolo varios metros hacia atrás.
- ¡Maldito mortal! –gritó girándose hacia
Lope mientras arrancaba de su cuello la espada del pirata-. ¿Crees que tu
insignificante corte puede acabar conmigo? ¡Yo soy Kruhonos, la Muerte
Viviente!
Lope, notando como varias de sus costillas
se habían fracturado y le faltaba el aire, comenzó a reírse entre toses.
- No –le contestó, riendo-. Mi golpe no te
va a matar. Pero he conseguido que pierdas la cabeza. ¡Ahora, pelirroja!
Y antes de que Kruhonos, la Muerte
Viviente, el Señor de la Horda Sangrienta, azote de la civilización en la Era
Hiboria, pudiera reaccionar, Ulrika golpeó con el filo de su espada en el hueco
sangrante que había dejado el tajo de Lope, consiguiendo penetrar armadura,
carne y hueso, separando la cabeza del cuerpo, que cayó rodando por las
escaleras.
Durante un instante se hizo el silencio,
roto únicamente por el tintineo del metal del yelmo golpeando la piedra, hasta
que Ulrika, elevando su espada al cielo, gritó con todas sus fuerzas.
En ese instante el portal se cerró y el
Señor del Shakara, viendo que la única persona que podía abrirlo acababa de
morir, salió volando hacia la parte superior de la ciudad, donde la piedra
dejaba paso a la carne y el hueso, desapareciendo de la vista de todos.
Los hombres simio, al ver cómo su amo los
abandonaba y sintiéndose superados por el ejército aquilonio, huyeron en
desbandada.
Pero aún quedaba una cosa por hacer, pues
la bruja seguí allí.
Galanus se lanzó sobre el cuerpo de
Valeria y, con gesto preocupado pero concentrado, comenzó a grabar sobre la
piel de su nieta símbolos arcanos a toda prisa pero con gran precisión. En el
mismo instante que Ulrika lanzaba su grito de victoria, Galanus miró a su
nieta, sonrió y comenzó el hechizo.
El cielo se oscureció, el viento comenzó a
soplar con fuerza y las runas del cuerpo de Valeria comenzaron a resplandecer.
Alzando los brazos, Galanus arremangó su túnica y los tatuajes que tenía
grabados comenzaron a brillar, empezando a absorber la espectral luz que
emitían las runas del cuerpo poseído de su nieta.
Pasados unos pocos pero agónicos segundos,
el terrible espectáculo de luces terminó y Galanus cayó de rodillas en suelo,
agotado por el esfuerzo.
Lyra, Lope y Ulrika se aproximaron al exhausto
mago, el cual los detuvo alzando la mano antes de que se acercaran más, y se
quedaron quietos, extrañados por el gesto del viejo.
Con la respiración entrecortada y gesto
cansado comenzó a hablar.
- Lope, maldito truhan, has sido lo más
parecido que he tenido a un amigo y me enorgullezco de ello. Ulrika, poderosa
valquiria, de ti se escribirán grande leyendas, ha sido un honor luchar a tu lado.
Lyra, dulce y valerosa Lyra, has sido la alegría de este viejo corazón, te he
apreciado como una hija.
Una vez había terminado de hablar y bajo
la incrédula mirada de sus compañeros, Galanus comenzó a convulsionarse. Oscuros
halos de energía emergieron de su cuerpo y cual espectro del inframundo se
elevó.
Por su boca comenzó a oírse una voz de
ultratumba que, gritando, decía:
- ¡Maldito viejo traidor! ¡Pensabas que
podías eliminar mi alma al trasladarla a tu decrépito cuerpo, pero no ha
funcionado! ¡Eres débil! ¡Yo tengo más poder que tú! ¡Yo, que he vivido más
años que tú! ¡¿Pensabas que me podías ganar?!
Pero… cual sorpresa no esperada…
ssssssSSSS!! CHISSSS!!!
Una luz cegadora surgió de repente,
seguida de un gran estruendo. Decenas de rayos de fuego de colores se elevaron
al cielo explotando, creando un sin fin de deslumbrantes luces estroboscópicas
que recordaban a las estrellas del firmamento. Cuando terminó el espectáculo
solo quedaban cenizas donde antes estaba el mago.
El último plan de Galanus había
funcionado.
Lope, Lyra y Ulrika miraban con asombro e
incredulidad las cenizas del Galanus, acercándose con pasos lentos donde antes
estaba el sabio.
En ese momento, tal vez por primera vez, vieron los
cuerpos en el suelo.
Y los reconocieron.
Porque allí se encontraban María, hermana de Lope, y
Faelan, hermano de Lyra.
Ambos se abalanzaron sobre los cuerpos
semiinconscientes de sus familiares, respirando con alivio al comprobar que
seguían vivos.
Junto a ellos había una mujer que rozaba la tercera
edad y el cuerpo de Valeria, que comenzó a levantarse entre gemidos. Del cuerpo
de la joven habían desaparecido las venas hinchadas y el color volvía poco a
poco a su piel, que comenzó a cambiar del pálido extremo al marrón claro.
Cuando se levantó corrió hacia las cenizas de Galanus y, arrodillándose a su
lado, comenzó a llorar.
Conan se acercó al grupo junto al Príncipe Rasheed y
les felicitó por la victoria, diciéndoles que siempre tendrían un hueco en su
mesa. También les contó que la historia por la que estaba allí era real, que el
príncipe era hijo de su amigo y que él siempre cumplía sus promesas, por eso
había ido en su busca.
Finalmente, ayudando a sus familiares a ponerse en
pie, todos se marcharon de Khuloom.
Pero en el mismo momento en que atravesaban la
puerta, un gran estruendo retumbó de la parte superior de la ciudad y vieron
cómo la parte de huesos y carne se desprendía de la piedra y se elevaba poco a
poco, para finalmente, en un segundo, desaparecer dirección a las estrellas.



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