La Horda Sangrienta - Epílogo de Lyra y Faelan

 

Epílogo – Lyra y Faelan

  

              La nieve ha dejado de caer en los pasos altos de la frontera, dejando un silencio que, por primera vez en años, no pesa como una condena.

              Lyra avanza despacio, ajustando el ritmo de sus pasos al de su hermano menor. Él aún se recupera poco a poco, pero fue su terquedad la que los trajo de vuelta. Ella le había advertido una y otra vez que no encontrarían nada, que su hogar no era más que un páramo arrasado por la tiranía de Kruhonos.

              Sin embargo, al cruzar la última colina, la sorpresa frena sus pasos. Entre los restos de su aldea, se escucha el golpe del martillo sobre la madera. Sobrevivientes que creían perdidos regresaron de los refugios de la montaña y, unidos, están levantando la aldea de entre las cenizas.

              La vida vuelve a abrirse paso donde ella solo esperaba ruinas. El viento de la montaña sopla con fuerza, y Lyra no puede evitar evadirse en un recuerdo.

              La victoria sobre el tirano no fue gratuita; el peso del sacrificio que su grupo tuvo que pagar en la batalla final aún le escuece en el alma, un precio amargo que les devolvió la libertad a todos.

              Mirando a su hermano, cuya mirada refleja por primera vez un destello de paz, Lyra comprende que él tenía razón al querer volver. La cacería ha terminado, las cicatrices permanecen, pero hoy, la esperanza vuelve a echar raíces en su hogar.




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